Inicio Opinión ¿Cuantos muertos más necesitamos para madurar?

¿Cuantos muertos más necesitamos para madurar?

El pasado 22 de junio se produjo un incendio en la galería Nicolini, ubicada en la zona de las Malvinas, Cercado de Lima. Algunas semanas antes ya se habían producido otros incendios; sin embargo, en esta ocasión dos jóvenes se encontraban atrapados en unos contenedores ubicados en el último piso del edificio que ardía en llamas.

Mientras el incendio se abría paso entre la estructura del edificio, ante la impotencia de bomberos, familiares y autoridades, los jóvenes lograron comunicarse con sus allegados mediante sus teléfonos celulares. Lamentablemente ese día sería la última vez que volverían a escuchar sus voces.

Pese a los enormes y sacrificados esfuerzos de los bomberos, el incendio no se pudo controlar a tiempo; los dos jóvenes, Jovi Herrera y Jorge Huamán, murieron calcinados.

Mientras el incendio consumía todo a su paso, los dos jóvenes se encontraban trabajando para una empresa adulterando fluorescentes por S/ 20 soles al día, eran informales. Sus jefes tenían la costumbre de encerrarlos con llave en los contenedores para evitar robos, de esta manera evitaron los robos y les arrebataron la vida. Un hecho totalmente condenable.

A inicios de junio en las redes sociales se comenzó a alzar la voz de protesta contra el Proyecto de Ley  N° 1104 denominado, de manera poco original, “Ley pulpín 2”. Incluso se realizó una marcha el 20 de junio, dos días antes del incendio.

Este proyecto de ley buscaba promover el empleo juvenil formal, buscando hacer más atractivo para el micro, pequeño y mediano empresario contratar jóvenes de manera formal, en vez de no contratarlos o contratarlos sin un contrato laboral. No obstante, los opositores (en su mayoría jóvenes estudiantes, así como militantes y no militantes de izquierda) señalaban que este proyecto no podía ser aprobado por lo siguiente:

  • No se establece como obligación que los empresarios capaciten a los empleados.
  • El Estado asume el 100% del costo del salario que el empresario debe pagar a Essalud por cada trabajador hasta por 3 años.
  • Se presume que no garantizará la contratación de jóvenes y la norma será utilizada por las grandes empresas.

Como pueden observar, las únicas críticas objetivas son los dos primeros puntos, el tercero se basa en especulaciones respecto a si la norma cumple o no su finalidad. Ahora, de las dos primeras críticas, solo la primera afecta de manera directa a los jóvenes a emplear.

Considero que existe un amplio sector juvenil, y por lo general de izquierda, de clase media que tiene un corazón noble, pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, dice el dicho.

Los que se oponen a este proyecto de ley olvidan que independientemente de lo que creamos o queramos, los siguientes hechos son reales:

  • La lógica empresarial que rige este sistema es: abaratar costos y aumentar ganancias.
  • Si infringir la ley es fácil, no me genera mucho riesgo y me abarata costos, como empresario muy probablemente quebrantaré la ley, sea a costa de la vida y salud de trabajadores, evadiendo tributos o dañando el medio ambiente.
  • Como país tercermundista y capitalista, nuestro Estado es débil y pobre.
  • Para subsistir en este sistema, tienes dos caminos: (i) brindar tu fuerza de trabajo o algún servicio en el mercado o (ii) ser empresario.
  • El empresario siempre va a buscar lo más barato al contratar trabajadores. Ante la opción del informal y del formal, ¿a quién contratarían ustedes?
  • A través de las empresas, nacionales y extranjeras, se producen los bienes y servicios que necesitamos consumir para el desarrollo de nuestras vidas.

Este es el mundo en el cual vivimos, en nuestro país, sumado a ello, nos enfrentamos a una amplia burocracia y alta tasa de informalidad laboral, lo cual lleva a que la persona que busca sobrevivir se zurre en la ley constantemente.

Ante esta situación, tenemos tres caminos:

  • Negar la realidad, oponernos a todo cambio normativo y exigir una ley laboral que garantice en el papel derechos laborales, pese a que en la realidad los empresarios seguirán contratando de manera informal a personas que buscarán trabajo porque necesitan comer.
  • Aceptar la realidad y buscar que el empresario vea más atractivo contratar jóvenes y cumplir con la ley, lo cual significa reducir los costos de la ley y con esto la calidad de vida de los trabajadores. Esto significa que los que viven en una condición de semiesclavitud consiga algunos derechos que antes no gozaban, mejor ser formal y explotado a ser informal y ser esclavo, ¿no?
  • Aceptar la realidad, darnos cuenta que el problema es el sistema, organizarnos y luchar por un Estado fuerte, con la capacidad de hacer cumplir las normas, y cambiar la lógica económica, de tal manera que exista suficiente trabajo para todos y en condiciones dignas.

Hoy en día la mayoría de los jóvenes nos encontramos ante la posición más fácil, la cual es la primera. La derecha, como siempre, opta por la segunda posición (y por ello la “Ley Pulpín 2”), pero respecto a la tercera, ¿alguien siquiera pensó en la tercera?

Es obvio que no, porque para la tercera (incluso para la segunda) se necesita justo lo que la mayoría de jóvenes y con un pensamiento medianamente de izquierda aborrecen: compromiso, sacrificio y lucha.

Es más fácil oponerse y salir a marchar cada cierto tiempo que construir un movimiento, buscar el cambio. Es parte de la inmadurez e inexperiencia de nuestra generación. Entre cada marcha, solo les queda sentarse y esperar, esperar a que alguien relativamente mayor los utilice para sus propios fines.

El problema es el sistema y a un sistema no lo derrotas con marchitas ocasionales, cuando sale una norma que afecta tu moral. No. Al sistema se le derrota organizándote, participando políticamente, educando, activando. Solo bajo la organización de un partido, colectivo o como quieran llamarlo, empoderado y que conquiste las instituciones que nos gobiernan, se podrá transformar la realidad.

La Ley Pulpín 2 cumple con la lógica del segundo camino antes mencionado y es mezquino creer, que dentro de los cánones de este sistema, no va a cumplir su objetivo, aunque sea de manera parcial. Y si creemos lo contrario, ¿basta con oponernos, no deberíamos proponer algo?

Recordemos que en el año 2014, el gobierno aprobó la denominada Ley Pulpín (sí, la original), la ley de formación juvenil que tenía como fin lograr que la micro, pequeña y mediana empresa contraten jóvenes, puesto que estos sí eran contratados, pero de manera informal y vulnerando derechos laborales básicos. Para lograr esto, se buscó hacer “atractiva” para el empresario esta contratación, mediante lo siguiente: reducir derechos laborales, reducir vacaciones, dar incentivos tributarios. ¿Ven?, la segunda opción.

Ante esa ley, yo marché, ante esa ley marchamos todos, incluido sectores abiertamente liberales. El fragor de la lucha hizo surgir en la ciudad de Lima una organización territorial transitoria, se denominaron “las zonas”. Por ejemplo, una zona podía agrupar a las personas de los distritos de San Martín y Los Olivos, otra podría agrupar a los distritos de San Borja y Surco, etc.

Esta forma de organización fue la plataforma para coordinar las distintas movilizaciones que se realizaron, las actividades informativas, educativas y demás. La mayoría éramos jóvenes, algunos estudiantes universitarios o técnicos. La ley Pulpín cayó a finales de enero de 2015, las zonas también cayeron meses después.

Han pasado cerca de 3 años desde aquella lucha. La Ley Pulpín se derogó, nosotros nunca propusimos nada, las cosas se mantuvieron como estaban, no cambió nada en 3 años. Todos continuamos los estudios, el trabajo, el arte, etc. Este mes 2 chicos fallecieron. Los actos tienen consecuencias, así tarden en ocurrir.

Hoy, algunas personas vuelvan a exigir que marchemos contra una nueva Ley Pulpín, pero yo me pregunto ¿para qué? ¿Para bajárnosla y volver a desaparecer hasta que surja una nueva ley que no le parezca a algunos? Y peor aún, ¿sin solución ante la tasa de informalidad laboral? No, ya no.

Me pregunto qué hubiese pasado si en el 2014 nos hubiésemos enfocado en fortalecer nuestra organización zonal, si en el 2015 hubiésemos propuesto un proyecto de ley o, peor aún, si se hubiese aprobado la Ley Pulpín, ¿es probable que el incendio de este año no se hubiese cobrado la vida de esos dos jóvenes?

Las acciones políticas pueden ser correctas o incorrectas, pero lo más condenable y perjudicial es la inacción política. La sangre de los dos chicos fallecidos está en las manos tanto del gobierno, los empresarios, así como en las nuestras. Debemos reconocerlo, porque solo criticándonos podremos evitar cometer los errores de antes.

¿Cuántos muertos más tendrá que haber para madurar? ¿Cuántos muertos más debe haber para darnos cuenta que la solución está en la acción y no en la oposición?

Debemos ser conscientes que este sistema está mal, debemos ser conscientes que bajo la lógica de este sistema es mejor un trabajo formal con pocos derechos y explotados a trabajar como informal y ser un semiesclavo. NO, AMBAS POSICIONES ESTÁN MAL.

Si algunos piensan que el tercer camino que he señalado es el correcto, es excelente, pero recuerden algo. El camino es largo y arduo, y durante este camino cada reivindicación, cada mejora en la condición de vida de nuestros hermanos es un logro.

Este año no es el momento para marchar por marchar, este año debe ser el año para organizarnos, si de verdad queremos cambiar algo, si en serio no queremos volver a ver en las noticias a dos chicos muertos. Este es el año en el cual debemos ponernos serios y reconocer que sólo a través de la acción política podemos generar un mejor Perú para todos.

Este proyecto de ley, este escenario, es una oportunidad. Una oportunidad para discutir qué reforma laboral necesita el país, qué otros cambios necesitamos. La vida no les dará otra oportunidad a Jovi Herrera y a Jorge Huamán, pero nos ha dado otra a nosotros, hagámoslo en nombre de ellos, ¿qué esperamos?

Epicentro
Compartimos la noticia con las fuentes que la originan, estamos en el Epicentro del desenlace.

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